Agronegocios

Agromercados. Núm 468,  05 de febrero de 2010
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Consumo ausente

La inactividad se impone en los mercados. Con un ritmo de operaciones reducido al mínimo, resulta difícil definir niveles reales de oferta y demanda de los distintos productos.

José Murillo. Analista de AgroInfoMarkt
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Así, con la mejora de las condiciones climáticas en buena parte de la Península Ibérica, los agricultores prefieren regresar a los campos a realizar coberteras en el sur y sembrar los ciclos cortos de cebada en el norte y esperar el milagro que les permita aliviar sus almacenes de mercancía de vieja a precios "razonables". Milagro que, como ya apuntábamos la pasada semana, bien podría venir de la mano de los grandes especuladores que, probablemente, estén esperando a que el dólar agote su recorrido alcista para volver a apostar por las materias primas vía mercados de futuros y, cuando esto ocurra, a buen seguro en esta ocasión no se olvidarán de las agrícolas.

Pero mientras, la realidad es otra bien distinta: el consumo no es que esté retraído, es que está completamente ausente. Los que más argumentos parecen tener para alejarse de los mercados de granos son los fabricantes de pienso; a los efectos del descenso de la cabaña se unen ahora los abundantes pastos previstos tras el lluvioso invierno al que estamos asistiendo, y que amenazan con convertirse en su peor competencia.

Desde el exterior, a pesar de que los precios que se ofrecen en los puertos de nuestro litoral son desde una perspectiva histórica muy bajos, éstos, lejos de animar a realizar coberturas a futuro, levantan resquemor y desconfianza entre los consumidores que intuyen gato encerrado y no ven motivos aparentes que justifique tomar posiciones a largo plazo.

En lo que a las perspectivas para la próxima cosecha se refiere, el escenario continúa siendo muy favorable en todo el Viejo Continente. La salida del invierno se anticipa con importantes reservas de agua en el subsuelo, sobre todo en la Europa del Este, gracias a las abundantes precipitaciones caídas tanto en forma de lluvia como de nieve, favoreciendo éstas últimas además la escasez de daños que las bajas temperaturas que han imperado hubieran provocado de otro modo. En cuanto a los llamados cultivos de primavera, todo apunta a que la balanza volverá a inclinarse del lado del girasol en perjuicio del maíz, gracias a los mejores márgenes obtenidos por la oleaginosa incluso después de que ésta se haya depreciado notablemente desde principios de 2010.

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