Junto al visitante que acude tan sólo a Toledo con el afán de descubrir la magia de la Catedral y de la Judería, comprobar la singularidad de las técnicas del damasquinado y acaparar “souvenirs”, hay también un público aficionado a la buena mesa, cada vez más numeroso y que busca productos de calidad, como las mejores referencias de Castilla-La Mancha, tierra de extraordinarios quesos, aceites y vinos.